Fuente: KOAXMAGAZINE  Octubre 2020

Hoy quiero empezar haciéndoos una pregunta: ¿Te consideras una persona con buena capacidad de escucha activa? Piensa tu respuesta detenidamente. Al final te preguntaré lo mismo y veremos si las respuestas coinciden.

Hola, soy Pedro Serrano. En el día de hoy compartiré con vosotros la herramienta principal y más importante que tiene el Coaching: la escucha activa.

Diferencia entre escucha activa y pasiva

La escucha activa es una técnica muy importante que nos permite obtener una muy completa y profunda información de lo que le pasa a la persona que estamos escuchando, así como de lo que piensa y siente. Esta no tiene nada que ver con la escucha pasiva que empleamos normalmente. En esta última, simplemente escuchamos, oímos y recibimos una serie de información, pero sin poner toda nuestra atención y todos los recursos que, a continuación, os voy a compartir.

Con una simple escucha pasiva es muy habitual que nos quedemos solo en la superficie, debido a que no profundizamos en el mensaje. Incluso, puede ser que a veces provoquemos efectos contrarios de lo que nuestro interlocutor viniera buscando. Pues en la mayoría de casos este quiere únicamente sentirse escuchado y comprendido a nivel emocional.

¿Y qué más?

Pues bien, debes saber que, de forma general, a las personas nos gusta más hablar que escuchar. Debido a esto, la neurociencia demuestra que al hablar de nosotros mismos se activan unas áreas de nuestro cerebro relacionadas con el placer, y eso es lo que nos aporta esa preferencia innata. Por otra parte, puede que pienses que debe ser interesante hablar para, por ejemplo, caer bien a alguien o dejar huella en la otra persona. Pero la realidad es que en la mayoría de ocasiones con sólo emplear la escucha activa, interesándonos por la otra persona, podremos resultar aún más interesantes si cabe.

El problema viene por no estar habituados a tener una escucha de tipo consciente y profunda, ya que requiere un esfuerzo y nuestra mente (la cual piensa en mil cosas), pierde la concentración y el interés de forma rápida. Es decir, esta preparada para mantener una atención plena solo unos pocos minutos. Si no estamos alerta y conscientes puede ser que nos lleve a otros lugares fuera de la conversación.

De la misma forma, frecuentamos comportamientos y actitudes que no benefician en nada a una buena recepción del mensaje. Pongamos un ejemplo: se dan situaciones donde estamos más pendientes de lo que vamos a responder que de escuchar a la otra persona. De esta forma, preparamos nuestra respuesta según nuestras creencias y vivencias, por lo que perdemos la oportunidad de profundizar sobre lo que la otra persona nos quiere transmitir.

Asimismo, nuestro ego y la barrera de juicios está activado, por lo que estamos continua y automáticamente en alerta. De esta forma, la comunicación no fluye y en seguida interrumpimos y/o nos ponemos a contar nuestra propia historia o damos nuestra opinión. Esto va completamente en contra de las virtudes y propósitos de una buena escucha activa.

 

¿Qué es la escucha activa?

La capacidad de sentir a la otra persona como parte de nosotros mismos se denomina escucha activa. Se basa fundamentalmente en la empatía, la aceptación y la validación emocional, por lo que requiere poner toda la atención, sentidos y sensibilidad.

 

Escuchar con todos los sentidos

Esto consiste en captar todo lo referente a los aspectos del mensaje: lo que se dice y no se dice, el tono de voz, la postura del cuerpo, las dudas, los silencios, etc. Aquí los sentimientos y emociones que acompañan al mensaje tienen un alto grado de atención. Esto es debido a que la comunicación no verbal representa la mayor parte de la conversación.

Responder a los sentimientos, no a las palabras

Si algo define a las emociones son su veracidad. Además, envuelven a las palabras en muchas ocasiones dándoles un verdadero significado. Por ello, os aconsejo que estéis siempre atentos al mensaje emocional para responder a él.

Gestión interna. Autogestión de la escucha activa

Es importante dejar atrás los patrones automáticos. Hay que saber gestionar y dejar de lado nuestros propios juicios, pensamientos, opiniones, el quedar bien, etc. Asimismo, debes de evitar distracciones estando presente y con el foco puesto en lo que nuestro interlocutor nos cuenta y siente.

Aplicando este modelo de escucha, provocará y facilitará profundos cambios en la persona. Al sentirse escuchada y comprendida emocionalmente reconocerá y entenderá sus propios sentimientos, facilitando así la posibilidad de que encuentre las soluciones pertinentes por si misma.

 

Cómo tener una buena escucha activa

Escuchar sin emitir juicios

Los juicios, para que no nos influyan, hay que evitarlos y estar prevenidos. Esto es, sin duda, una de las cosas más importantes que aprendí en mi formación como coach. A nosotros, como personas, nos es verdaderamente difícil no traerlos a la mente, ya que somos máquinas de juzgar. Para ello, os daré un truquito que seguramente os funcione de maravilla: cambiar juicio por curiosidad. Si lo implementáis, veréis como estáis más receptivos e interesados en lo que los demás os cuentan. La clave que siempre funciona es siempre estar en alerta.

Además, la ausencia de juicios te permitirá fluir y no sacar conclusiones anticipadas. Te sorprenderás a ti mismo cuando descubras nuevas perspectivas y pensamientos que seguramente puedan enriquecerte. Por otra parte, la persona escuchada sin juicios lo percibirá, por lo que se abrirá más y de forma más profunda, generando una conexión mayor entre ambos.

No des consejos

Una regla fundamental del Coaching es que un coach jamás te dará consejo ni te dirá qué hacer o qué no hacer. Esto es debido a que el motivo principal de la escucha es que la otra persona confíe plenamente en ti, para que así encuentre la respuesta mientras tú estarás para escucharla y ayudarla a descubrirla.

No interrumpas

Debes dejar que la otra persona cuente su historia. Tienes que darle terreno y confianza para que sea ella quién dirija la conversación hacia donde desee. Cuando se lleva a cabo una interrupción parece que lo tuyo es más importante o que simplemente no te apetece escuchar. Es importante que si tienes que interrumpir que sea porque no has entendido algo y, por ende, necesitas algún tipo de aclaración. Pero recuerda, siempre sin salir de su tema de conversación.

Hacer preguntas apropiadas para profundizar en el tema

Al realizar preguntas estás demostrando tu interés por lo que te están contando. Esto puede ayudar a reforzar y clarificar aún más el mensaje que nos están transmitiendo. Ya hemos hablado del poder de la pregunta en otras ocasiones. Debes hacer (cuanto más mejor) preguntas que provoquen a la persona a seguir hablando sobre su tema pero haciendo que utilice otra perspectiva que le haga profundizar y reflexionar más.

Un ejemplo de pregunta apropiada es preguntar acerca de las consecuencias de lo que te acaba de comentar. Esto es muy potente para que la otra persona sea consciente y consecuente con lo que te acaba de contar. De esta forma, le ayudará a encontrar una respuesta y/o solución que está buscando.

De la misma forma, la utilización de preguntas abiertas sobre sus emociones ayudará a clarificar sus pensamientos y sentimientos. Un ejemplo de ello es preguntar cómo se siente con lo que te acaba de contar.

Debes conocer que cada tipología de pregunta tiene una clara intención. Esto llevará a la persona a nuevos y diferentes escenarios, donde poder contar con nuevas perspectivas para poder profundizar en sus emociones.

Aquí te dejo una amplia selección de preguntas para que te sirvan de ayuda en multitud de escenarios: 150 preguntas poderosas.

Parafrasear lo que acabas de oír

Esta técnica o metodología es comúnmente utilizada, está demostrado que repetir lo que previamente te han contado hace que estás más atento y aumente tu interés. De esta forma, harás que la persona se motive mucho más y que tenga más seguridad, ya que se siente en sintonía y escuchada.

Hacerle consciente de sus emociones

Esta técnica es complementaria a la anterior. De esta forma, da un paso más hacia la profundización de las emociones que acompañan al propio mensaje.

Un ejemplo de ello sería: “después de lo que me acabas de contar te noto… (adjetivos como enfadado, contento, preocupado, dubitativo, etc)”.

De esta forma, le damos a nuestro interlocutor la oportunidad de que se abra emocionalmente y nos clarifique su sentimiento real. Es posible que no sea lo que has percibido, ¡pero eso no es lo importante! Lo relevante es que profundice y reconozca cuál es la emoción, así como su origen y sus consecuencias.

Redirigir la conversación

Esta técnica es también muy habitual en el mundo del Coaching. Con esta, ayudaremos al interlocutor a volver a la conversación de origen si se da el caso de salir de ella por cualquier motivo.

Reforzar y apoyar con lenguaje corporal y verbal

Nuestro propio lenguaje corporal es fundamental, apoyando de forma cuantiosa a nuestro interlocutor y dándole más confianza. Situaciones como la postura de nuestro cuerpo y expresiones faciales son la prueba infalible de que estamos interesados y conectados con la otra persona.

También hacer uso de expresiones y palabras de refuerzo ayuda de manera contundente. Un ejemplo de ello son palabras como: entiendo, ammm, ahá.

Respetar los silencios

Esto es muy importante. Daremos tiempo a la otra persona a pensar, reconocer lo que está diciendo y sintiendo en el momento, integrando la emoción y dándole sentido racionalmente. Hacerlo de forma correcta es todo un arte. Asimismo, supone un excelente ejercicio de autogestión para nosotros mismos, ya que sostener el silencio y dar espacio a nuestro interlocutor no siempre es tarea fácil.

Resumen y conclusiones

Para terminar el proceso hay que resumir la conversación con los componentes y emociones más importantes que se han producido. De esta forma, le dará a la persona una visión global y concreta, demostrando además tu atención plena en todo el proceso.

Los beneficios que te concede

Los beneficios que te voy a comentar a continuación son para ambas partes. Estos ayudan a la persona escuchada a clarificar sus pensamientos y emociones, teniendo la posibilidad de que se suelte libremente y se sienta comprendida profundamente, ayudando a resolver los conflictos interpersonales que aparezcan en ese momento.

  • Aumenta la autoestima en la persona que habla. De esta forma, se siente más valorada e importante.
  • Entrenamos y aumentamos la empatía hacia las demás personas.
  • Se mejoran las relaciones interpersonales. Esto nos permite conocer de forma más profunda a los demás.
  • Nos ejercita en la gestión de nuestras emociones y pensamientos, haciendo que estemos presentes en el aquí y ahora. Esto ocurre cuando estamos empleando la escucha activa.
  • Desarrollo de más habilidades sociales. Tales como el desarrollo del lenguaje corporal como complemento de una buena escucha activa o la intención y actitud receptiva que ayudan a conocer y respetar más aún a las otras personas y, por ende, a nosotros mismos.

A modo de conclusión, debo comentarte que nuestro cometido no es solucionar los “problemas”, ni tampoco las situaciones de nuestro interlocutor. El objetivo de la escucha activa es ayudar a que profundices y conectes con los sentimientos y emociones de la persona escuchada. De esta forma, entenderá y reconocerá lo que es verdaderamente importante para ella, ayudando así a que encuentre las soluciones por sí misma. Ya conoces que el mayor especialista en ti, eres tú mismo.

Recuerda: si buscas ser verdaderamente interesante, ¡escucha más y habla menos!

No olvides practicar la escucha activa, verás en ti sus maravillosos efectos. De la misma forma, déjame en comentarios cómo te ha ido, y no dudes en contactar conmigo si tienes alguna duda o sugerencia sin compromiso.

¡Que pases un buen día!

Pedro Serrano

www.pedroserrano.coach