Fuente: KOAXMAGAZINE  Noviembre 2019

Comencemos el post de el poder de la palabra con una cita: “En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.” Juan 1.1

El poder de la palabra

Desde el principio de los tiempos, este verbo, vibración y energía estaba presente en todos nosotros. Es más: siempre tuvo ese poder y todavía lo mantiene.  Son muchas las personas tales como chamanes, hombres de ciencia, filósofos o incluso psicólogos los que han conocido el poder de la palabra desde el inicio de los tiempos.

Seguro que conoces el término “ABRACADABRA“. Esta palabra es sin duda una de las más reconocidas y relacionadas con la magia referente a las palabras. Este término no ha nacido ahora, su historia es tan antigua como incierta.

Son muchas las teorías sobre el origen de esta palabra. En primer lugar, una de las más aceptadas proviene del Arameo, cuya traducción sería “creo mientras hablo”. Y es que esto da pie a este post de hoy. La palabra es creadora y son muchas las culturas las que la han utilizado como una importantísima manera de influir en las personas desde el comienzo de la civilización.

Todo nuestro mundo gira en torno al el poder de la palabra. Estas las decimos, las pensamos y las escribimos, es decir, es una herramienta muy importante de comunicación. Asimismo, también expresan nuestra creatividad y dicen cuantiosa información de nuestra personalidad. De igual forma, las palabras nos definen como personas y nos dan indicios de nuestro carácter. Estas también nos delatan en nuestros estados de ánimo y nos retratan además culturalmente.

Es importante que sepas que las palabras son más que un forma de comunicación y de hacernos entender con los demás. Estas también generan vibración y energía, por lo que su poder es enorme y nosotros no somos apenas conscientes de ello. Por lo que la palabra es creadora y es la semilla de la misma creación.

 

Mis palabras hacia los demás

La palabra en si puede definirse como semillas de diferentes frutos que se han sembrado en nosotros desde muy pequeños. Estas semillas pueden venir en modo de creencias, estudios, discursos y conversaciones escuchadas en distintos contextos a lo largo de nuestra vida, al igual que en nuestro primer entorno: nuestra familia. La mayor parte de estas semillas son sembradas en nuestra mente. De la misma forma, se desarrollarán y formarán parte de nuestro “jardín personal” el resto de nuestra vida, de nuestras creencias, así como de nuestros patrones automáticos.

Aspectos como la calidad, la entonación y el mensaje de las palabras harán que la balanza se incline a un lado u a otro. Te pongo un ejemplo: si las palabras han sido de desaprobación, hirientes, castrantes o humillantes sus frutos serán de esa misma tipología. De esa forma, nos harán posiblemente crecer con muchas inseguridades o incluso con una autoestima débil. Sin embargo, si las palabras han sido de apoyo, reconocimiento y aprobación sus frutos serán diferentes.

Por ello, es vital conocer el poder y el alcance de nuestras palabras en los demás individuos, teniendo claro que siempre tienen un efecto y que este dará sus frutos. Se consciente de su poder en los demás, de esta forma podrás calibrar y cuidar el uso de las palabras.

 

Mis palabras hacia mi

Estas semillas tienen el mismo efecto en nosotros mismos, por lo que resulta muy saludable ser plenamente consciente de cómo nos hablamos a nosotros mismos. En muchas ocasiones somos nuestro peor enemigo, y simplemente por la manera que tenemos de hablarnos, nuestra voz nos sabotea e impide alcanzar nuestros objetivos y sueños, simplemente desacreditándonos o desanimándonos con el tipo de palabras que nos decimos al respecto.

 

Mis palabras al universo

Cuando hablamos y pedimos al universo, inconsciente, a Dios, a la prominencia, al destino o simplemente a la vida (o como le queramos llamar) es muy importante clarificar el mensaje y la palabra precisa, ya sea mediante plegarias, deseos, mantras u oraciones. Asimismo, hay que ser muy cuidadosos con el uso de la terminología “no”, ya que es impropio pedir en negativo.  Por ejemplo, si decimos la frase “no quiero enfermarme”, el universo y subconsciente no reconocerán el “no”, puesto que sólo se quedarán con “enfermarse”. Para ello, el mandato adecuado sería “estoy sano” o “disfruto de salud”, pudiéndolo acompañar de un agradecimiento por ello.

En cuanto el poder de las palabras, estas son mandatos y órdenes que damos, por lo que tienen que ser muy precisas. Son muchas las ocasiones las que nos pasan cosas que nosotros mismos hemos pedido sin ser conscientes. De esta forma, vamos con el piloto automático entrando en bucle. Nos repetimos una y otra vez y con el mismo mensaje y lo peor es que, desafortunadamente, la mayoría son negativos.

Debes saber que el universo nos escucha siempre y este está dispuesto a darnos lo que pedimos, ya sea positivo o negativo. En muchas ocasiones es perjudicial para nosotros, por lo que algunas personas lo denominan profecía autocumplida.

 

Consejos para practicar el poder de la palabra

A la mente no se le puede ordenar desde el pensamiento, solo la palabra tiene la potestad de ello. De esta forma, podemos utilizar este apreciado recurso haciendo que juegue a nuestro favor con los siguientes consejos:

  • Ser conscientes del tipo de palabras que estamos utilizando. Es decir, si estas son positivas o negativas y conocer todos sus efectos. También hay que tener en cuenta cómo hablamos tanto a nosotros como a los demás.
  • Poseer una capacidad de elección. Tenemos la capacidad de elegir, así como de poner foco y consciencia en ello, saliendo así del modo automático.
  • Hay que utilizar un lenguaje positivo. Con las palabras positivas tendremos un estado de ánimo admirable, y de esta forma lo transmitiremos a los demás.
  • Controlar todas nuestras palabras. Controlándolas seremos los dueños de nuestras emociones. Por ejemplo, cambiar “tengo un problema”, por la oración “tengo un reto”. Esto hará que nos lleve a sensaciones emocionalmente distintas.

Interioriza que tus palabras son semillas, por lo que debes pensar en el jardín que quieres tener.

Feliz día a todos.

Pedro Serrano