Fuente: KOAXMAGAZINE  Diciembre 2021

Si hay algo seguro en esta vida es que todo cambia. Cambian las personas, nosotros, el entorno, las situaciones, todos pasamos por un cambio personal.  Constantemente estamos experimentando cambios y tenemos que hacer frente a ello.

Evitamos cambiar y, si alguien lo tiene que hacer, preferimos que ese alguien sean los demás.

Muchas veces ponemos en práctica y usamos esta desafortunada frase: «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». 

Esta frase y la actitud que implica nos muestra claramente la cantidad de patrones y creencias limitantes con los que convivimos en nuestro día a día, y que sin duda no nos aportan nada. Y, si además de esto, no somos conscientes de ellas y tampoco las trabajamos para cambiarlas, lo que conseguirán es que estemos desconectados, estancados y no provocarán la intención de cambio. Esto significa que nos quedaríamos en nuestra zona de confort. Pero cuidado, porque muchas veces puede que esta zona que pensamos que es de confort, no lo sea tanto.

Ahora bien, ¿por qué nos negamos al cambio? ¿Qué es lo que nos impide dar este paso?

 

A nuestro cerebro no le gustan los cambios

Está demostrado científicamente que a nuestro cerebro no le gustan los cambios, ya que tiene dos prioridades distintas:

  • Primero, mantenernos vivos (superivivencia).
  • Segundo, optimizar recursos y economizar la energía. ¿Cómo lo hace? Creando lo que llamamos hábitos. Automatiza toda la información y ahorra en energía. 

Por lo tanto, para nuestro cerebro, cambiar supone hacer algo diferente y nuevo, y por consiguiente, tener que emplear más energía y recursos. Es decir, que hará todo lo posible para quitarnos esa idea de la cabeza y nos dará miles de excusas para abandonar el cambio que nos habíamos propuesto. Es muy probable que cuando esto ocurra el resultado que obtengamos sea la procrastinación.

Se debe de tener en cuenta que los cambios provocan resultados a largo plazo, sin embargo, el cerebro busca resultados a corto, la recompensa rápida. Cuanto más rápida, mejor.

Basta con poner el siguiente ejemplo: ¿Qué crees que prefiere nuestro cerebro? ¿Estar tumbados en el sofá comiendo pizza o hacer deporte y comer algo realmente sano?

 

Escuchar nuestro corazón puede ser muy beneficioso para el cambio personal

 

Teniendo en cuenta que nuestro cerebro y mente no nos ayudarán para realizar los cambios que queremos debido a las prioridades que tienen, hemos de buscar otro órgano que nos ayude, ya que conoce cosas que nuestro cerebro no. Es el corazón. Como dice la famosa frase de Blaise Pascal: «El corazón tiene motivos que la razón no entiende», y esto es muy cierto desde un punto de vista emocional, porque nuestro corazón es el otro gran componente esencial para el equilibrio entre el pensamiento y la emoción.

Si lo miramos desde la perspectiva científica, se sabe desde hace tiempo que el corazón cuenta con 40.000 neuronas, un dato curioso ya que esto indica que piensa, decide y siente. Ahora bien, si lo vemos desde el punto de vista metafísico, se diría que es en este punto donde encontramos la intuición, esa sabiduría interna que sabe perfectamente lo que necesitas, quieres y que conoce la respuesta que muchas veces buscamos fuera.

Con este gran aliado debemos buscar el equilibrio entre el corazón y la mente, ya que es este el primer gran paso que debemos dar si queremos realizar el cambio personal: escucharnos y sentirnos.

Tenemos que escuchar nuestras emociones, ¿sabes por qué? Porque son mensajeras y siempre tienen algo que decir.

La gran pregunta que siempre te conecta es: «¿cómo me siento?». Esta pregunta te dará muchas pistas sobre si estás en el camino o no, si cuentas con lo que necesitas o no, si estás obrando bien o no. Esta pregunta será siempre tu brújula y te mostrará el camino que seguir.

 

Los cambios personales dependen de nosotros mismos

Ahora me gustaría adentrarme más y hablar desde un punto más metafísico, más desde nuestro ser, desde cómo nos vemos, nos hablamos, cómo nos sentimos incluso desde qué nos contamos a nosotros mismos, porque en realidad todos los cambios dependen de nosotros y nadie más.

Es cierto que otros aspectos de nuestra vida, como por ejemplo las personas que nos rodean, el entorno en el que nos encontramos, situaciones y contextos influyen. Sin embargo, lo único determinante es nuestra actitud, que es el modo en el que nos posicionamos en la vida, con cuánta determinación y energía y la forma en la que respondemos ante ella. Y todo esto es completamente nuestra responsabilidad.

 

La confianza, imprescindible para el cambio personal

El principal motivo por el que no realizamos el cambio personal es que no confiamos en nosotros mismos, sentimos que no nos vemos capaces. En este punto, nuestros diálogos internos son los que nos sabotean y causan el desequilibrio en nuestra autoestima, los que hacen que esta esté por los suelos.

Somos nosotros los que ponemos nuestros límites. No nos conocemos. Somos mucho más de lo que nos contamos y de lo que nos han contado de nosotros.

El antídoto perfecto para cambiar este patrón es el autoconocimiento: atreverse a mirar en nuestro ser y querer conocer nuestras luces y nuestras sombras, conocer nuestros patrones automáticos (la mayoría de ellos adquiridos inconscientemente en nuestra infancia, entre los cero y los ocho años). Este es el primer gran paso y cambio, el fundamental: saber que nosotros mismos tenemos la respuesta y no está en ningún otro lugar. La mayor garantía de que podremos acometer el cambio personal que necesitemos es, sin duda, conocernos.

Buscar la respuesta en el exterior

En ocasiones, buscamos la inspiración, la solución o la respuesta en el exterior. Buscamos que cambien las circunstancias y que el famoso momento ideal llegue solo (algo que yo, personalmente, no conozco y que, en vez de una solución, es una excusa y un freno, pues nunca llega).

También buscamos la circunstancia o la persona que provoque el cambio de nuestra vida. Asimismo, el miedo al qué dirán puede bloquearnos.

Y te hago esta pregunta para que reflexiones:

¿Qué es más fácil: que cambies tú o que cambien las circunstancias y las demás personas; que llegue ese futuro ideal o que lo crees tú mismo?

El mayor especialista en ti eres tú

No hay que buscar la respuesta fuera, porque siempre la tienes tú. Nadie puede conocerte mejor que tú, ni saber qué es lo que quieres y cuál es la respuesta.

Trabajar en la autorresponsabildad y el autoconocimiento nos hará subir y equilibrar nuestra autoestima, que es lo que realmente nos impide dar el paso hacia el cambio personal. El poder del perdón es inmenso. Es muy importante perdonarnos y dejar de culpabilizarnos. Del mismo modo que dejar de culpabilizar a otros. Esto es fundamental en todo el proceso.

¿Y sabes lo mejor? Todo esto depende al cien por cien de ti.

Pensamientos y foco hacia lo negativo

 

Cuando no estamos equilibrados y conectados con nuestra esencia, nuestros pensamientos son en gran parte negativos. Casi siempre nos pintan la realidad mucho más negra de lo que es, poniéndonos en el peor escenario. Así, empezar cualquier cambio nos parece prácticamente imposible. 

Otro de los motivos principales es que muchas veces nos centramos en nuestras carencias, en experiencias que salieron mal y que proyectamos hacia futuros catastróficos, imaginados en función de estas experiencias pasadas.

Estos pensamientos negativos y estas proyecciones del pasado hacia el futuro, mientras estamos contagiados por esa energía, nos paralizan y nos impiden realizar los cambios.

Anclarnos en recuerdos negativos nos generará depresión. Proyectarlos hacia el futuro nos producirá ansiedad.

Cambiar los pensamientos y las etiquetas. Focalizar lo positivo para el cambio personal

Esto forma parte del entrenamiento mental que debemos realizar. Y nos pondrá mucho más fácil iniciar y mantener los cambios que deseemos hacer. Sabemos que tenemos más de 60.000 pensamientos diarios, que la mayoría son los mismos del día anterior, y que, cuando estamos desequilibrados y con la autoestima baja, la mayor parte son pensamientos negativos.

Comprueba los efectos de la siguiente manera: piensa en un tema al que quieras hacer frente, que desees cambiar, y etiquétalo como «problema». Experimenta qué sientes, qué energía hay en este pensamiento. Y, después, exactamente con el mismo tema, cambia la etiqueta de «problema» por la de «reto» y dime cómo te sientes. Seguramente habrás experimentado cómo cambia la energía de tu cuerpo. La disposición mental y emocional hacia ese cambio es totalmente distinta; la diferencia es brutal, ¿verdad? Por eso, un gran ejercicio es escoger bien las etiquetas, aquellas palabras que vayamos a utilizar. Es muy simple, pero debemos estar alerta y ser cuidadosos para elegir conscientemente la palabra o la etiqueta, porque los resultados a los que nos pueden llevar son muy diferentes.

Por eso, el poder de la palabra es tan importante: cómo nos hablamos, cómo hablamos a los demás, qué lenguaje y qué palabras utilizamos, cómo etiquetamos. Sé consciente de esto, porque es una gran señal de quién eres y de cómo te sientes, y dice mucho de ti.

 

Elegir dónde ponemos el foco

Esta herramienta es determinante para apoyarnos en los cambios que necesitemos. Aquí, entra en juego nuestra mente dual, que tiende a polarizar los temas y a ofrecer resultados totalmente opuestos.

¿En qué te centras?

¿En lo que tienes o en lo que te falta? 

¿En lo que sabes o en lo que no?

¿En tus luces o tus sombras?

Pensad que el mero hecho de tener el foco en un lado o en el otro será determinante energéticamente para afrontar el cambio que pretendamos acometer. Y elegir dónde poner el foco es, al cien por cien, nuestra responsabilidad. Está en nuestra mano ser muy conscientes, estar alerta, y no caer en patrones automáticos.

Falta o exceso de objetivos y abandono del proceso al cambio personal

Este es uno de los principales motivos que nos impiden dar el paso hacia el cambio personal. Muchas veces no sabemos hacia dónde cambiar y tampoco tenemos los objetivos claros. También, en el otro extremo, se puede dar el caso de tener muchos propósitos, perdernos en todas las ideas y proyectos que tengamos en mano, y no saber por cuál empezar: una dispersión absoluta que nos hace picotear aquí y allá, sin obtener resultados satisfactorios, y que nos frustra hasta que abandonamos.

Y a estas cuestiones le sigue la impaciencia y la falta de estructura para acometer, mantener y completar los cambios que necesitamos realizar.

 

Te propongo:

 

Buscar tu pasión y crear nuevos hábitos.

Muchas veces, buscamos la respuesta en otras personas, y lo más probable es que ellas nos alejen más de esta; pues, con la mejor de las intenciones, nos darán su opinión, basada en sus miedos o en sus propias expectativas, que a ti no te valdrá para nada. Por eso, el coaching funciona tan bien, porque mediante la pregunta despertará en ti la búsqueda de esa respuesta que solo tú conoces y necesitas. Conocerás nuevas perspectivas desde las que plantearte trabajar en otros escenarios. Y, sobre todo, buscarás esa pasión y energía que te mueva y predisponga para acometer el cambio personal que necesites. Nuevamente, es un trabajo de introspección, y solo tú conoces la respuesta.

Una ayuda que te puede acercar al hallazgo de esa pasión es buscar tu ikigay. En este enlace, te dejo pistas de cómo hacerlo.

Después, para afianzar el cambio que hayas escogido, los hábitos serán la clave, pues te ayudarán a clarificar los objetivos y las acciones que efectuar para ponerte en acción. 

 

¿Por qué nos cuesta tanto el cambio personal?

 

Te dejo, en este gráfico, la explicación de por qué nos cuesta tanto cambiar, así como las herramientas y propuestas para el cambio:

La decisión será nuestro punto de arranque. Después, la voluntad y la determinación serán siempre nuestro combustible. Y, por supuesto, tener y mantener el objetivo en mente, que será nuestro camino por el que avanzar. Y tranquilo porque si flojeas o caes estará dentro de la normalidad. Lo importante es levantarse y retomar el camino.

Recuerda que somos creadores y solo creamos desde el presente. Disfruta del camino hacia el cambio personal, de cada etapa. Celebra siempre que puedas, con pequeñas cosas que te gusten; esto afianzará aún más la certeza de que estás en el camino y te conectará más con tu nuevo proyecto. 

Convierte la alegría en un hábito y recuerda que siempre recogemos lo que sembramos.

Pues nada más por hoy. Espero que estas propuestas te ayuden a entender y gestionar los cambios que necesites en tu vida.

El único cambio posible está en ti, y, cuando tú cambias, todo cambia.

Feliz día y hasta la próxima.

Pedro Serrano, coach

www.pedroserrano.coach