26 noviembre 2019

El poder y la magia de las palabras

En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.

Juan 1.1

Parece ser que desde el principio de los tiempos, esta vibración, esta energía, este Verbo, estaba presente; siempre tuvo el poder y todavía lo tiene. Chamanes, hombres de ciencia, filósofos, psicólogos, etc., han conocido el poder de la palabra desde el inicio de los tiempos.

ABRACADABRA, es sin duda una de las palabras más reconocidas y relacionadas con la magia de las palabras, y no es nueva precisamente, ya que su historia es muy antigua, aunque también incierta. Hay varias teorías sobre el origen de esta palabra, una de las más aceptadas es que viene del Arameo, y su traducción sería “Creo mientras hablo”, dando muy buen pie a este artículo que hoy comparto, puesto que ya se sabía que la palabra es creadora, y todas las culturas la han utilizado, desde el comienzo de la civilización, como una importantísima manera de influir en las personas.

Nuestro mundo está rodeado palabras; las pensamos, las decimos y las escribimos, son una de las herramientas principales de comunicación. También son una expresión de nuestra creatividad y dicen mucho de nuestra personalidad, nos definen como personas, nos dan muchas pistas de nuestro carácter, nos delatan en nuestros diferentes estados de ánimo y nos retratan culturalmente.

Pero las palabras son mucho más que una manera de comunicarse y de hacernos entender, son también, y por encima de todo, vibración y energía, y tienen un poder enorme del que no somos apenas conscientes. La palabra es creadora, es la semilla de la creación.

 

Mis palabras hacia los demás.

Las palabras son semillas, semillas de muy diferentes frutos y que se han sembrado en nosotros desde la infancia en modo de estudios, creencias, discursos y conversaciones escuchadas en nuestra familia como primer entorno y en distintos contextos a lo largo de nuestra vida. La mayoría de estas semillas sembradas en nuestra mente se desarrollarán y formaran parte de nuestro jardín personal el resto de nuestra vida, de nuestras creencias y patrones automáticos.

La calidad, entonación y mensaje de las palabras escuchadas inclinarán la balanza, y si por ejemplo han sido palabras de desaprobación, hirientes, castrantes, humillantes, etc., sus frutos serán de ese tipo y nos harán crecer posiblemente con muchas inseguridades o autoestima débil. Si por el contrario han sido palabras de apoyo, reconocimiento, aprobación etc., serán unos frutos muy diferentes.

Por eso es vital conocer el poder y el alcance de nuestras palabras en los demás, tener claro que siempre tienen un efecto, y siempre darán sus frutos. Hazte consciente de su poder en los demás y calibra y cuida su uso.

Mis palabras hacia mi.

Estas semillas tienen el mismo efecto en nosotros mismos, por lo que resulta muy saludable ser plenamente consciente de cómo nos hablamos a nosotros mismos. En muchas ocasiones somos nuestro peor enemigo, y simplemente por la manera que tenemos de hablarnos, nuestra voz nos sabotea e impide alcanzar nuestros objetivos y sueños, simplemente desacreditándonos o desanimándonos con el tipo de palabras que nos decimos al respecto.

 

Mis palabras al universo

Cuando pedimos al universo, a nuestro inconsciente, a Dios, a la prominencia, al destino, a la vida o como le queramos llamar, ya sea mediante plegarias, deseos, mantras, oraciones, etc., es vital clarificar el mensaje, la palabra precisa, y ser muy cuidadosos con el uso del NO, ya que no es adecuado pedir en negativo. Si decimos, por ejemplo, “no quiero enfermarme”, el universo y nuestro subconsciente no reconocen el NO, y se quedan con “enfermarse”. En este caso concreto el mandato adecuado sería “estoy sano” o “disfruto de salud”, acompañado de un agradecimiento por ello.

Las palabras son mandatos, son órdenes que damos, por eso tienen que ser muy precisas. En muchas ocasiones nos pasan cosas que nosotros mismos hemos pedido pero sin ser conscientes, vamos con el piloto automático y entramos en bucle repitiéndonos una y otra vez el mismo mensaje y desafortunadamente la mayoría de las veces negativo.

El universo nos escucha constantemente y siempre está dispuesto a darnos lo que pedimos, tanto positivo como negativo, siendo en muchas ocasiones perjudicial para nosotros, lo que algunos llaman la profecía autocumplida.

Al pensamiento no se le puede ordenar desde el pensamiento, es solo la palabra la que tiene esta potestad. Así pues, podemos utilizar este valioso recurso y hacer que juegue a nuestro favor practicando lo siguiente:

*Tener consciencia de qué tipo de palabras estamos utilizando, si son positivas o negativas, y conocer sus efectos. Cómo nos hablamos y cómo hablamos a los demás.

*Tener capacidad de elección. Siempre podemos elegir, poner foco y consciencia, salir del modo automático.

*Utilizar lenguaje positivo. Con palabras positivas siempre tendremos un buen estado de ánimo y también lo transmitiremos a los demás.

*Controlar nuestras palabras. Controlaremos y regularemos nuestras emociones. Cambiar, por ejemplo, “tengo un problema”, por “tengo un reto”, nos llevará emocionalmente a sensaciones muy distintas.

Hazte consciente de que tus palabras son semillas, así que piensa en el jardín que quieres tener.

Feliz día.

Pedro Serrano

www.pedroserrano.coach

www.hazteconsciente.com

RECENT POSTS