25 septiembre 2019

PROPOSITOS Y HABITOS

En ciertas épocas del año, nos hacemos una declaración de intenciones, nos marcamos unos propósitos y nuevos hábitos para mejorar y optimizar nuestras vidas. Esta es una de ellas. Después del descanso de las vacaciones, nos sentimos con las suficientes ganas y fuerzas para empezar nuestros nuevos propósitos, pero muchas veces nos quedamos sólo en las intenciones… ¿Te suena de algo?

Y es que el hombre es animal de costumbres. Rápidamente nos buscamos hábitos que nos hagan estar cómodos y en nuestra zona de confort, lo que no significa que sean positivos y nos sumen en nuestro día a día. Una de las principales tareas de nuestro cerebro consiste en economizar energía, y una muy buena manera de hacerlo es creando rutinas y hábitos que permitan automatizar ciertas acciones y actitudes para poder dedicarles menos atención y recursos.

Piensa en todas las acciones que hacemos nada más levantarnos y cuáles de ellas son prácticamente automáticas, simplemente por el hecho de repetirlas una y otra vez, día tras día. Otro claro ejemplo lo encontramos en el conducir. ¿Cuántas veces has llegado a tu destino sin apenas haberte dado cuenta de la multitud de acciones que has realizado hasta llegar? Justamente, al estar tan habituados, nuestra mente se permite centrarse en otros pensamientos y/o acciones.

Para crear un hábito tenemos que repetir una tarea continuamente hasta que se se convierta en algo automático. La Neurociencia nos lo explica con la Ley Hebb, que nos dice que las neuronas que se disparan juntas, se cablean juntas para siempre. Se crean circuitos neuronales que funcionan de manera automática y son más rápidos gracias al papel de la mielina, que facilita más su conexión por su uso. Imaginad, por ejemplo, los caminos que se crean en la vegetación de un campo después de pasar una y otra vez por el mismo lugar personas diferentes; finalmente se crea una camino más fácil de seguir y normalmente no buscas otro. Lo mismo ocurre con nuestras neuronas.

Un estudio realizado por la Universidad Duke, en 2006, nos contaba que más del 40% de las acciones que realizamos a lo largo del día son hábitos.

Según Charles Duhigg, autor del libro EL PODER DE LOS HÁBITOS , la creación de un hábito tiene una estructura de 3 pasos:

  1. LA SEÑAL, estímulo que indica a nuestro cerebro que puede poner en marcha el piloto automático con el hábito correspondiente.
  2. LA RUTINA, la que sea específica para ese momento o circunstancia.

 

  1. LA RECOMPENSA, que será clave para que nuestro cerebro decida si quiere repetir y recordar este hábito en futuras ocasiones.

Una de las teorías más conocidas es la del Psicólogo William James (1842-1910), según la cual hacen falta 21 días para integrar un hábito nuevo en nuestras vidas. Maxwell Maltsz, cirujano plástico, corroboró en 1960 que distintos pacientes que habían perdido algún miembro por amputaciones necesitaban una media de 21 días para adaptarse.

Más recientemente, encontramos estudios del University College of London que establecen un tiempo de 66 días para que un hábito quede fijado y se mantenga a lo largo del tiempo.

Otro informe muy reciente, presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (SEC), nos dice que los hábitos asociados al estilo de vida, como la inactividad física, el tabaquismo o la presión sanguínea alta, influyen más que los factores genéticos en el desarrollo de dolencias cardíacas de forma prematura.

Así que podríamos decir que un hábito es un patrón de conducta repetitivo, exige poco esfuerzo y poca voluntad y sus consecuencias determinarán si son saludables y positivos o todo lo contrario.

“Si todos somos esclavos de nuestros hábitos, quiero ser un esclavo sólo de los buenos.“

Og Mandino

Una vez que conocemos un poquito de qué va esto de los hábitos, nuestra intención debe ser la de evaluar cuáles nos hace falta incorporar en nuestra vida y cuáles sacar de ella, porque todos funcionan de la misma manera.

Uno de los errores que cometemos de forma habitual es querer hacer todo de golpe; querer cambiar nuestra vida de un plumazo. También es habitual que no sepamos por dónde empezar; queremos hacer todo y terminamos no haciendo nada, nos desanimamos, se nos baja la autoestima, y nuestra voluntad pierde fuelle nuevamente.

Así que la mejor manera es ir por partes, pensar y hacer una lista contestando a las siguientes preguntas:

  • ¿Cuáles son mis hábitos en mi día?
  • ¿Cuáles me gustaría cambiar ó integrar?

 

  • ¿Para que me gustaría cambiarlos?

Una vez identificados, empezaremos por uno, solo uno (a ser posible sencillo), y poco a poco iremos tratando de incorporar los demás. Recuerda que no se trata de ninguna competición, se trata de ayudarte a ti mismo y sólo tú sabes tus ritmos y tu voluntad.

Iniciar así la nueva rutina nos hará subir la autoestima y nos sentiremos con más fuerza para ir incorporando niveles más altos de compromiso y nuevos hábitos. Por ejemplo, si quieres integrar el hábito de la lectura, empieza por un libro con un tema que te guste, y leyendo solo unas pocas páginas.

Es importante también establecer una señal clara y precisa para iniciar el proceso, como por ejemplo marcarse una hora de inicio en la agenda, sea cual sea la actividad.

Que la rutina sea clara y cuanto más concisa mejor, así no daremos excusas a nuestra mente para distraernos con otras cosas o cambios de planes de última hora, que nos terminarán alejando de nuestros objetivos.

Puedes encontrar la motivación de distintas formas: por una parte, la motivación intrínseca, que es la que viene del interior y está asociada al crecimiento personal y a la satisfacción de realizar el hábito, y por otra parte, la motivación extrínseca, que busca recompensas externas al cumplimento de tus compromisos, como cosas materiales, halagos, dinero, etc.

Si ponemos por ejemplo un cambio de dieta, ¿lo hacemos porque queremos un estilo de vida más saludable o por perder peso?

Si es por un cambio en el estilo de vida, nos conectará más la motivación intrínseca, desde el aquí y el ahora, y nos hará disfrutar más del cambio y tendremos más conexión y fuerza con este nuevo hábito. Si el nuevo cambio se focaliza en el objetivo de perder peso, nuestra mente estará focalizada en el futuro, y tendremos que tener más voluntad y constancia.

Identifica a los saboteadores que todos tenemos en nuestra cabeza y que te intentarán hacer volver a los viejos hábitos y patrones donde ellos tenían el control. Tu voluntad es mayor y es la que manda.

“Los hábitos son como hebras. Si día tras día las trenzamos en cuerda, pronto resultará irrompible.”

Horace Mann.

 

 Como conclusión podríamos decir que todo cambio de hábitos empieza con un cambio de pensamiento, y cuando cambies tus pensamientos (ideas, creencias. etc.), serás capaz de cambiar tus emociones, y las emociones cambiarán tus comportamientos y acciones, y las acciones cambiarán tu relación contigo mismo y con los demás, e irás moldeando tu vida.

Solo tus creencias ponen límites a lo que realmente puedes llegar a ser.

Hazte consciente de qué vida quieres vivir y constrúyela con los hábitos adecuados que sirvan de los cimientos para ella.

 

Solo desde la experiencia podrás integrarlos en tu vida, así que pasa de la teoría a la acción. Sin experiencia no hay validación.

Autor: Pedro Serrano

www.pedroserrano.coach

RECENT POSTS